Este año fui a la fiesta de mi madrina. Ella tiene setenta y pico de años, su esposo murió hace 4 años, su hija murió el año pasado. Pensé que iba a estar muy triste este año. Pero tiene un poder de recuperación enorme. Comenzó a salir con un señor, se está enamorando de nuevo, y aunque extraña a su hija y a su esposo, ha sabido seguir adelante.
Cuando fui a su fiesta había llenado su casa con flores, de todos los colores, de varios tipos. Estaban hermosos su jardín y su sala. Una amiga le había grabado un cd con música para la fiesta, jazz, bossa nova, una cosa realmente muy rica.
Mi madrina había colocado una mesa con las bebidas, hielo y vasos, otra mesa con cosas para picar, quesos, panes, salsas, y otra mesa con las tortas, los dulces y el infaltable quesillo.
Y la gente llegaba, saludaba, ella les presentaba a los demás, y el ambiente era riquísimo. Si alguien tenía sed, se servía lo que le provocaba, si alguien tenía hambre, igual. La música daba una atmósfera deliciosa. Y no estaba la presión para el anfitrión de que todos deben estar felices, atendidos, contentos. No, no, no.
Cada quien disfrutaba la fiesta como mejor quisiera, y si alguien no estaba a gusto podía irse. Nadie se fue, pero entienden la imagen.
Bueno, eso es lo que quiero hacer este año, y los que vienen. Muchas flores, tres mesas, bebidas, cosas para picar y las tortas, música sabrosa y buena conversa.
Nada de almuerzos, como antes, ni fiestas bailables, ni cumpleaños maratónicos. Solo un espacio para reunirse con los amigos y celebrar un año más de vida, ponernos al día y pasar un rato agradable.
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