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martes, 8 de enero de 2008

Mi primera vez en una disco gay

Toqué el timbre, se abrió una rendija pequeña. Me vio, abrió la puerta completa. Me pidieron la cédula, la mostré. Tenía 18 años. “¿Cuánto es?” “Tanto”. Saqué la cartera, pagué. Me revisaron y entré. El sitio era de ensueño; la música, arrechísima; música electrónica toda la noche. Había grandes afiches con imágenes de tipos bellísimos, desnudos, torsos, hombres, todo muy gay. Había espejos, una barra enorme y en otra sala la pista de baile. Cornetas en las cuatro paredes, luces arriba que acompañaban con sincronía el ritmo, más espejos.

Me acerqué a la barra y pedí un tequila. Tenía mucho frío porque había esperado en la Plaza Altamira desde las 9 de la noche hasta medianoche. Era diciembre y hacía frío en Caracas, así que pedí un tequila y al ratico el frío se me fue.

Vi los rostros de la gente. No podía creer que todos ellos, algunos sexys, bellos, varoniles, masculinos, pudieran ser gay… pero lo eran.

Me fui a la pista de baile y algunos voltearon como diciendo “Carne fresca”. Burda de desagradable esa sensación. Viejos verdes. Cerré mis ojos y comencé a bailar. La música era riquísima. Era Tiffany, un icono de la movida gay caraqueña desde los años 80. Toda una institución. Cerró después del paro petrolero de 2002.

Los sitios de ambiente tienen fama de poner música muy arrecha y Tiffanys era un excelente ejemplo. El lugar, la decoración, la música, todo era bellísimo.

Recuerdo el olor cuando estaba entrando, Tiffanys estaba metida como en un sótano y olía a humedad. Tenía un olor característico. Olía a Tiffanys. Se sentía el aire acondicionado frío, al menos en la entrada. Las paredes y el piso estaban forrados con una alfombra, los espejos, la gente hablando, besándose. Todos tipos, todos gays.

¡Dios! Todavía recuerdo el olor y lo que sentí cuando estaba entrando, después que me revisaron y bajé los primeros escalones.

martes, 1 de enero de 2008

Mi primera vez en el cine



La sala me parecía enorme. Todo estaba oscuro. Creo que llegamos cuando ya había comenzado la película. Estaba con mi mamá, una amiga de ella, y un amiguito mío. Yo tenía como 5 años y mi mamá me había dicho que ese día íbamos a ir al cine. Yo nunca había ido. Así que no entendí a qué se refería.

La película comenzó, no había que leer letras, era en español. Había un niño con un libro en su escuela y una historia cargada de mucha fantasía. Atreyu, Falcon, el Pantano de la desesperanza, el Señor de Piedra, la emperatriz, y el niño seguía leyendo su libro, metido de lleno en la historia, un cuento apasionante.

La primera vez que fui al cine vi la “Historia sin fin”, y me parezco tanto a ese relato. Un humano sin esperanzas es fácil de manipular, la lucha contra la Nada, si la tristeza se apodera de ti te hundes en el pantano de la desesperanza, Fantasía no tiene límites, creo en todo eso.

La vida sigue su camino, y uno crece, se cae, se golpea, llora, se levanta, pero siempre intento que esa parte de mí no desaparezca, no muera. Ojala la magia nunca deje de creer.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Mi primera marcha

La primera vez que fui a marcha por la diversidad sexual fue en el 2001, el primer año que se hizo en Venezuela. En 1994 hubo un intento de marcha pero se hizo en la noche, en el boulevard de Sabana Grande y tuvo muy poco impacto en los medios.

La del 2001, en cambio, fue precedida por varias actividades en el mes del orgullo por la diversidad sexual. Un festival de cine, un congreso, una miniolimpiadas en el Parque del Este y mucha presencia en medios.

Ese año se conformó la Red de organizaciones LGBT de Venezuela, como parte de una investigación en prevención de VIH en hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH) en los países andinos.

La semana antes de la primera marcha yo todavía no estaba seguro si iba a asistir o no a la concentración. Se convocó a una reunión en el Ateneo de Caracas el jueves y gracias al ambiente de esa reunión, yo terminé de decidir que iría.

Entre los organizadores había algo de preocupación sobre el número de personas que finalmente marcharían por el boulevard. Algunos hablaron de 20 personas, los más optimistas pensaron en 80.

Uno de ellos dijo que no importaba. “Si somos 20 marcharemos 20”.

La otra preocupación fue la actitud que tomarían los buhoneros (vendedores informales) que estaban en todo el boulevard. Otro dijo que Sabana Grande YA era una zona gay, y es cierto. Muchos locales de ambiente, tascas, saunas y bares se encuentran en el boulevard. Así que los buhoneros no iban a ver algo diferente a lo que ya estaban acostumbrados a ver.

El día de la marcha me fui con una gorra. Tenía un susto en el estómago. Pero apenas llegué a la Plaza Brión en Chacaíto entendí que quería marchar sin gorras, ni lentes oscuros, ni nada de esa vaina. Estuve un rato entre la gente, vi algunas amigas conocidas, hablamos, y justo cuando comenzó el grupo de samba a tocar, la marcha arrancó.

Ese primer momento fue mágico. Éramos más de mil personas y estábamos haciendo historia. Todos y todas. Cuando arranca la marcha pasamos frente al cine Brodway y fue un momento mágico. La primera marcha gay de Caracas.

Lo único que quería era gritar a los 4 vientos que era gay y que estaba feliz por ello. Y eso hice, durante toda la marcha. Me tomé una foto con el reloj de la torre La Previsora de fondo, pero nunca revelé el rollo. Algún día lo voy a hacer.

Fue un día hermoso y memorable para mí. Mi primera marcha del orgullo gay.