martes, 10 de agosto de 2010

Bicicleta

No recuerdo qué edad tenía, seis o siete años, lo que sé es que no la pedí. Creo que fue un regalo de navidad del trabajo de mi papá.


Era muy grande. Para mi edad la bicicleta era grande, así que le pusimos rueditas.


Mi papá me ayudó, puso su mejor esfuerzo, pero no aprendí. Después de varios golpes, tiré la toalla y dejé la bici en el olvido.


Dos o tres años después, un fin de semana, me provocó usarla. El día estaba muy rico, era un día de playa. Fui a comprar el periódico y cuando regresé decidió montarme.


Estaba la abuela en la casa, de visita.


No la había tomado en varios años. Así que técnicamente seguía sin aprender a manejar, pero ese día fue diferente.


Me monté y di varias vueltas por la cuadra. Sin rueditas de apoyo, además.


Algo antes de montarme me dijo que ya sabía manejarla y efectivamente así fue.


Así me siento con la maestría de historia. Me inscribí y tenía muchas ganas. Me encanta la historia y de América Latina más, pero algo pasó y me asusté.


Los dos últimos semestres que cursé, hice todo, fui a las clases, leí los materiales, investigué y cuando me tocó escribir los trabajos, me bloqueé.


Primero pensé que era por exceso de ocupaciones en el trabajo. Cambié de trabajo a uno más suave y me volvió a pasar. Bloqueado.


Así que decidí dejar de pelear. Paré la maestría hace un poco más de un año. Creo que va a pasar lo mismo que con la bicicleta.


Quizás no sea este el momento. Quizás más adelante, uno de estos días, me anime y retome esa maestría o haga otra. Por ahora, busqué los libros de historia de América Latina que tengo en la casa y he comenzado a leerlos, por placer. 

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A los que se lanzaron

Leo
es cierto lo que dices sobre los heteros. no es que yo lo ame. es solo que me gusta muuuuuuuucho. me pongo gafo cuando lo veo. es una vaina que no puedo controlar

Monchis
nada de nada, yo suelo ser medio cagón con esto de caerle a un tipo hetero... creo que lo de la trompada sería la respuesta más segura

Cristobal
Estamos conectados

Quike
bienvenido a este muelle. Sobre lo que viene, no le he dado muchas vueltas a la cabeza. vamos a ver qué ocurre. Me encantó tu blog:)

El protagonista

Me gustó el inicio de este cuento de Aimee Bender.


"Aquel muchacho había nacido con dedos en forma de llave. Todos excepto uno, el meñique de la mano derecha, tenían relieves afilados en el lado interno, a todo lo largo, y un círculo plano en el extremo. Estaban hechos de carne, con nervios y poros, pero con una textura más firme, más dura y contundente. De niño lo pasó mal aprendiendo a sostener la pluma y a usar las tijeras, pero era perseverante y se inventó en seguida un método propio. La tarea que le importaba era encontrar las nueve puertas".


Generación quemada, una antología de autores norteamericanos. Editorial Siruela. 2005

miércoles, 21 de julio de 2010

Confesión

Autorretrato

Si muriera hoy, diría que fui feliz. Me sentí pleno en muchos momentos de mi vida. Me enamoré, me amaron, me rompieron el corazón, caí, me levanté. Lloré de alegría, de tristeza, de impotencia y de dolor. Luché por lo que creía.


Soñé. Me ilusioné. Leí muchísimo y tuve unos padres maravillosos que hicieron de mi viaje por este planeta una hermosa aventura.


Tuve amigas y amigos únicos, diversos, diferentes, geniales. Nos acompañamos, peleamos, nos reconciliamos, bebimos, cantamos a todo pulmón.


Construí mi muelle, el lugar donde tomaba impulso con mis amigas y amigos, brincábamos y caíamos de chapuzón.


Fui padre, abuelo y bisabuelo de la descendencia de mis perras y gatas. Ayudé en los partos, les hablé a los bebés cuando todavía estaban en la barriguita, cuando nacieron les puse nombres, dormí y jugué con ellos.


Sentí miedo, ansiedad, terror, celos, nostalgia, incertidumbre. Nunca tuve todas las respuestas.


¿Una palabra que me defina? Plenitud. Siento que fui honesto conmigo mismo e intenté vivir acorde con lo que pensaba.


¿Un color? El amarillo. ¿Un sabor? La mostaza con miel. ¿Una flor? Las margaritas. ¿Un olor? El de mi madre.


Me faltaron tres tatuajes: "Plenitud", "Aquí y ahora", "El gocho y la negra".


Muchas cosas quedan por hacer, probar, comer, muchas historias que leer, muchos rostros que besar, morder, amar, recordar, pero si muriera hoy, diría que fui feliz.


A los que se lanzaron

Leo
es cierto lo que dices sobre los heteros. no es que yo lo ame. es solo que me gusta muuuuuuuucho. me pongo gafo cuando lo veo. es una vaina que no puedo controlar

Monchis
nada de nada, yo suelo ser medio cagón con esto de caerle a un tipo hetero... creo que lo de la trompada sería la respuesta más segura

Cristobal
Estamos conectados

Quike
bienvenido a este muelle. Sobre lo que viene, no le he dado muchas vueltas a la cabeza. vamos a ver qué ocurre. Me encantó tu blog:)

Cruishing

Autorretrato

Me molesta sonar tan cliché, pero estoy flechado por un tipo heterosexual. Yo, autodeclarado marico militante fuera del closet, terminé suspirando por un carajo que puede rayar a veces de cerdo homofóbico. ¿Cómo llegué hasta acá? ¡Que cupido me explique!


Al objeto de mi afecto no lo veo todos los días.


La primera vez que lo vi, me pareció un hombre atractivo. Un mulato, ojos verdes, hace boxeo. Otro día le vi de espalda y tiene unas nalgas enormes, hermosas, como para pasar todo un fin de semana jugando entre ellas.


Hasta ahí la vaina era física, pero cuando lo escuché hablar, se me cayeron las medias. Me derretí.


Mis amigas y amigos (lo sé, mis amores), están cansados de escucharme hablar del mulato. Jean llegó a pensar que era producto de mi imaginación, Javier me dijo que lo invitara a tomar unas cervezas, Noel tiró la toalla y se hartó de mis cuentos.


Cuando el mulato está en el mismo espacio que yo, no puedo dejar de verlo. Me pongo torpe, dejo de escuchar a los demás y sólo lo veo a él. Cómo en las películas.


Tanto… que una mañana una amiga que no sabía nada se me acercó y me dijo "Disimula que se va a dar cuenta que le gustas".


A estas alturas, todavía no sé si el tipo sea gay o no. Le gustan las mujeres, eso se le nota, pero a veces, cuando coincidimos y lo veo, él me sostiene la mirada.


Él tipo ya sabe que le gusto. Se me nota en la cara cuando lo veo. A veces me mira como diciendo: "Este es el marico que gusta de mí, mira como lo tengo, babeado", otras veces solo me ve.


¿Cupido, cómo me quito esta flecha?

Una noche

Autorretrato

Te deseo, alcanzo a decir antes de que te vengas en mí, dentro de mí. Cansado, sudado, te beso y caemos, rendidos. Uno sobre el otro. A tu lado, la noche es salada, de playa. Sueño contigo o te recuerdo. Tus ojos, mi sonrisa, la tarde en el café, tu número, mis manos. El primer beso, la primera noche, la primera pelea, con su reconciliación. Tus peculiarmente afinadas canciones, mis almuerzos express, tú haciéndome reír. El viaje, las vacaciones, los domingos morsas, los cumpleaños. Los primeros "te extraño" y "no te mueras antes que yo". Las maletas. Llorar de alegría, de tristeza, de placer. Soñar de a dos. Los cepillos juntos, la biblioteca en común, la ventana a la playa. Las cuentas, las peleas, los celos… y las reconciliaciones. Mis clases de cocina, tus clases de baile. Y mientras sueño o recuerdo, el frío me trae de vuelta. La mañana amenaza con aparecer. Me abrazas, me acoplo a ti. La conjura del frío. La vida afuera comienza muy temprano, los sonidos, la gente. Me acercas a ti, tejemos nuestros pies. Tu mano me explora. Te siento crecer. Me muerdes la oreja y susurras, te deseo.